La mayoría de los que critican a Israel son antisemitas

"La mayoría de los que critican a Israel son antisemitas"

Lo sostiene el profesor Edward Kaplan, especialista en estudios estadísticos

NUEVA YORK.- Una reciente nota en The Wall Street Journal sobre los estudios
de Edward Kaplan comienza con un chiste muy cruel. Un viejito está en una
estación de tren en Europa central y le pregunta a cada persona en el andén
si odia a los judíos. La respuesta es siempre un indignadísimo "no", hasta
que un hombre admite que, en realidad, sí.
"¡Gracias a Dios, al fin una persona honesta! -exclama el anciano-.
¿Le molestaría cuidarme las valijas mientras corro al baño?"

En la vida real, naturalmente, saber si alguien es antisemita puede ser más
complicado, sobre todo a la luz del conflicto en Medio Oriente. Kaplan,
profesor estrella de la ciencia estadística en la Universidad de Yale,
sentía que criticar despiadadamente a Israel -calificándolo, por ejemplo, de
Estado nazi- se había vuelto la forma políticamente correcta de exteriorizar
el antisemitismo.

"Por supuesto que algunas personas sienten un rechazo sincero a las
políticas de Israel -dijo Kaplan a LA NACION-. Pero para los antisemitas,
atacar a Israel se volvió una máscara muy útil para encubrir sus
prejuicios." Kaplan es un hombre de las ciencias duras aplicadas a los temas
más diversos. Junto con Charles Small, director de un flamante centro de
estudios interdisciplinarios sobre el antisemitismo en la Universidad de
Yale (en cuyo consejo consultor está Kaplan), se puso a analizar una masa de
datos provenientes de diez países europeos. Sus resultados, publicados en el
Journal of Conflict Resolution, tuvieron, como siempre, una repercusión
mediática y en la opinión pública poco usual para un artículo académico.

"Lo más importante que encontramos es que, en Europa, la fuerza del
sentimiento antiisraelí de una persona devela si esa persona es antisemita.
Esta correlación se mantiene a través de nacionalidades, sexos, edades,
niveles de ingresos y actitudes generales hacia grupos de inmigrantes o
miembros de otras razas o religiones", señaló Kaplan, cuyas investigaciones
han sido tapa de The New York Times, editorializadas en el Wall Street
Journal y desplegadas en grandes notas en las revistas Time, Newsweek y New
Yorker, entre otros medios. Según el estudio de Kaplan y Small, un 56 por
ciento de quienes tienen un sentimiento extremo contra Israel también
resultaron antisemitas.

-¿Por qué decidió hacer este estudio sobre antisemitismo?

-En los últimos años, el lenguaje usado por muchos individuos y
organizaciones para criticar a Israel se volvió tan extremo que, como tantos
otros, empecé a preguntarme si no habría algo más detrás. Las referencias a
Israel como un Estado nazi o a los enclaves palestinos ocupados por Israel
como campos de concentración me parecían deliberadamente incendiarias y
particularmente ofensivas para los judíos. Como alguien cuyas especialidades
son el cálculo probabilístico y la regresión estadística, me di cuenta de
que esta pregunta podía responderse de manera empírica si se obtenían datos
de una muestra muy grande de individuos. En esa encuesta, ellos deberían
responder tanto respecto de su actitud hacia Israel como hacia los judíos en
general. Nuestro estudio muestra que las personas que más critican a Israel
son unas seis veces más propensas a tener sentimientos antisemitas que
quienes son menos críticos.

-¿Pero no podría argumentarse que las acciones de Israel son las que causan
el antisemitismo?

-Nuestro estudio sugiere que no es así. Claramente, la crisis del Líbano
exacerbó el tema. Hezbollah es una organización explícitamente antisemita.
El ejemplo más claro es el ataque de Hezbollah a la mutual judía en Buenos
Aires en 1994, que mató a 85 personas. Ese era un objetivo explícitamente
judío, y es una muy buena noticia que los fiscales argentinos finalmente
hayan pedido la extradición para los funcionarios iraníes sospechosos de
haber patrocinado el cruel ataque en Buenos Aires. En Londres, hace poco,
hubo marchas que supuestamente eran contra la guerra del Líbano. Los
manifestantes iban con pancartas que decían: "Todos somos Hezbollah", lo
cual parece más pro guerra que antiguerra. Mientras tanto, se han registrado
actos de vandalismo en sinagogas y cementerios judíos. Como suele verse, el
ataque a los objetivos judíos tiende a acompañar al más extremo sentimiento
contra Israel.

-Un trabajo anterior suyo sobre ataques suicidas acaba de ganar el premio
Koopman. Junto con sus colegas, desarrolló modelos estadísticos sobre los
terroristas que se inmolan al detonar sus bombas. ¿A qué conclusiones
llegaron?

-Supongamos que uno está en un shopping o en la calle y un terrorista
suicida está a punto de detonarse. ¿Es mejor o peor que haya muchos civiles
alrededor? Por intuición, se diría que cuánta más gente haya, más gente
morirá. Pero, por la geometría de las masas, eso no es cierto. Como en este
tipo de bombas lo que mata no es tanto la explosión como la metralla, en un
espacio reducido muy lleno de personas los que están más cerca de quien se
inmola absorberán la mayor parte de los proyectiles, protegiendo así a los
que están detrás. Si hay menos gente, más serán los afectados. Por eso,
decirle a la gente que corra o que se agazape puede resultar
contraproducente en cuanto al número de víctimas. Eso, obviamente, lleva a
un dilema moral. Si una bomba humana es descubierta y se da la alarma, hay
un conflicto entre qué es mejor para el individuo y qué es mejor para el
grupo.

-Y su trabajo actual sobre el antisemitismo ¿le deparó alguna sorpresa?

-Sin duda. El estudio muestra que el nivel de sentimiento extremo
anti-Israel en la población es mucho menor que el que uno podría creer, por
ejemplo, después de leer los diarios europeos. Sólo un uno por ciento estuvo
de acuerdo con los cuatro enunciados antiisraelíes usados para medir la
opinión de los encuestados, que eran los siguientes: los ataques suicidas
contra civiles están justificados, Israel es responsable de toda la
violencia en el conflicto con los palestinos, Israel trata a los palestinos
como se trataba a los sudafricanos negros en el apartheid y las fuerzas
israelíes deliberadamente buscan objetivos civiles. Esto muestra la
diferencia entre un estudio realizado sobre la base de una muestra grande,
que representa lo que realmente piensa la población, y un artículo
periodístico que ataca a Israel y que no expresa, necesariamente, más que la
opinión del autor.

-Sus resultados para Europa ¿pueden extenderse a los Estados Unidos? ¿Y a la
Argentina?

-No puedo probar nada fuera de la información que analicé, pero me
sorprendería que el mismo patrón que encontramos en los estudios para Europa
no sirviera para los Estados Unidos o para la Argentina.

-¿Que opina del escándalo por las declaraciones de Mel Gibson respecto de
que los judíos son la causa de todas las guerras en el mundo?

-Lo más importante que puede hacerse respecto de Mel Gibson ya fue hecho,
que es publicar sus declaraciones. Al menos, con él no hace falta analizar
su actitud hacia Israel para ver si tiene sentimientos antisemitas.

-Además del flamante estudio sobre actitudes ante Israel y antisemitismo,
usted ha escrito sobre estrategia respecto de ataques suicidas, emergencias
sanitarias, protección del sida y resultados de básquetbol universitario.
¿Tienen algo en común todos estos temas?

-Me gusta trabajar sobre problemas que importan a los demás. La mayor parte
de mi trabajo tiende a ser para mejorar situaciones. A menudo se trata de
investigar formas de salvar vidas. En ese sentido, contrarrestar las bombas
humanas y estudiar si funcionan los recambios de agujas para prevenir el
sida son temas que tienen bastante en común. Pero todos son temas muy
serios, quizá con la única excepción del básquetbol universitario. Aunque
[se ríe] algunos sienten que es el más serio de todos...

Por Juana Libedinsky
Para LA NACION

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